martes, 19 de febrero de 2013

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Llevaban toda la tarde visitando puntos turísticos de Lasville; un pequeño pueblo medieval plagado de curiosidades.
Por fin a sus veintisiete años, Dan iba a cumplir uno de sus mayores sueños, visitar la iglesia de aquel lugar. No era muy grande ni especialmente conocida, pero cuando era un niño, en un reportaje, hablaron de ella; había una antesala escondida con unos oscuros frescos adornándola. Sus tétricas imágenes le impactaron y, en una de las paredes, había una antigua puerta cerrada, prohibida. La curiosidad se apodero de el y se prometió visitar ese lugar que, dejo una profunda marca en el.

<<...este es el pozo de la iglesia. La boca del pozo esta a la altura del suelo por lo que ocurrieron muchos accidentes; ese es el motivo de los barrotes que lo cubren. Era utilizado...>>

Dan quedó rezagado, perdido en la profundidad del pozo.
Tras una leve ondulación del agua, un blanco rostro apareció bajo la superficie del agua; sus negros cabellos se esparcian lentamente por el agua dramatizando sus fríos ojos.
Sus miradas se cruzaron un instante y la cara se fundió bajo el agua carente de luz.

-Señor- una mano se poso sobre el hombro de Dan, sobresaltándolo.- ¿Se encuentra bien?
-Eh.. si
-No se separe del grupo, por favor.
-Gracias- Hecho una ultima mirada al pozo, vio una trampilla en la pared. Parecía conectar con la iglesia.
Siguió al guía, perdido en aquel extraño rostro.
Al entrar en la iglesia, sus ojos repararon en miles de detalles pero su mente seguía en el pozo.
Por encima del lejano murmullo de turistas, escucho una siniestra voz: “¿Quien sera? ¿ No quieres saberlo? ¿Como podrías llegar al pozo?” La voz era cada vez mas nítida y cercana “¿No quieres saber quien soy? ¡Presta atención!”

<<Por este pasillo – El guía señalo aun estrecho corredor- los monjes accedían al agua del pozo sin que la gente del pueblo...>>

Rápidamente se ocultó tras unas columnas.
Cuando todo quedo en calma, se adentró por el pasillo hasta una pequeña sala, en las paredes habían algunos cubos para el agua, y frente a el, una trampilla metálica.
Avanzó tres pasos y extendió el brazo, con la temblorosa mano abrió el cerrojo. Podía ver la pared del pozo a través de la trampilla abierta.
Se asomó con los ojos cerrados; al abrirlos, su propio reflejo le asusto, golpeándose la cabeza.
Se dio la vuelta y respiró lentamente.
Cuando se disponía a subir las escaleras, escucho un suave goteo proveniente del pozo. Miro hacia allí y vio desplomarse un cuerpo desnutrido y blanco, no pálido, blanco.
Estaba boca abajo, no parecía haber carne bajo su piel, pero, lo peor, era su cara; triste, dolorida y consumida.
Le miro a los decolorados ojos, solo con un leve suspiro oliva en el palido iris.
-Ahora vuelvo, voy a por ayuda.
No podía apartar de su mente la imagen del blanco cuerpo contra la piedra, solo roto por el negro de su cabello
Al salir del pasillo choco contra uno de los guardias.
-Hay un...- Casi dijo hombre, pero en realidad, no estaba seguro de su sexo.- una persona malherida ahí abajo.
El guardia bajó corriendo mientras Dan buscaba mas ayuda. Avisó a otro guardia y, mientras buscaba a un tercero, ya mas calmado, pensó que no seria necesario.
Al bajar las escaleras del corredor, encontró una escena atroz; le habían devorado la muñeca a uno de los guardias y el otro tenia un mordisco que dejaba sus costillas al aire. El individuo del pozo ya no estaba allí.
-¿Donde esta?- No obtuvo respuesta- ¿Donde esta el...o ella?
Los guardias habían perdido demasiada sangre como para responder.
Los observó un instante y, apesadumbrado, siguió su búsqueda.
Tenia algo especial, necesitaba encontrarle.
La iglesia estaba casi desierta, las visitas estaban en los jardines.
Se oyó un forcejeo en una sala próxima.
Bajo la mirada de la virgen, estaba arrodillado aquel blanco individuo, sosteniendo una mujer en sus brazos. Le partió la columna vertebral contra la rodilla mordió su traquea,. Mientras bebía su sangre, dos lineas negras descendieron desde su nuca hasta el coxis, bordeando sus vertebras.
A continuación, mordió al hombre que yacía a su lado, probablemente el acompañante de la mujer, dos lineas mas surgieron de su nuca hacia sus manos, donde se ramificaron en complicados diseños, adornos para sus estilizados dedos.
Dan permaneció inmovili, en estado de shock.
Tras limpiarse la sangre de la cara, miró a Dan a los ojos, su rostro ya no estaba desnutrido, era totalmente andrógino, su piel, era ahora fina y, la órbita de sus ojos, igual que sus labios, era negra.
-Tranquilo, a ti no te haré daño.- Le susurró al oído; y siguió andando. Cuando empezaba a subir las escaleras Dan se giró. por primera vez se fijo en su cuerpo, que había mejorado notablemente. A pesar de tener un sexo tan indefinible como su tez, le pareció atractivo.
Subió corriendo las escaleras, pero aquel individuo se había esfumado.
Perdido en su culpa y en el objeto de su incipiente obsesión, se sentó en un banco con la cabeza agachada.
Un grupo de turistas paso en silencio por respeto a sus inexistentes oraciones.
Tras veinte minutos de confusos pensamientos, todo quedó en silencio, y aquella voz, Su voz, regreso a él.
“No te distraigas”
Dan miró a su alrededor, estaba allí mismo, entrando por una discreta puertecilla.
Reconoció esa puerta, era la entrada a la sala de los frescos; sus dos obsesiones confluían ahora en un mismo lugar. Saltó por encima del banco y se detuvo un instante frente a la puerta. La abrió.
Un monje yacía muerto en el suelo, Él sostenía una llave en la mano. De las dos lineas que cruzaban su espalda, habían surgido siete horizontales a modo de costillas, que servían de pauta a extraños símbolos y letras, sus piernas, estaban también cubiertas de negros caracteres. No pudo evitar preguntarse a cuantas personas abría matado para llegar a ese estado.
De repente, sin girarse, Él le miró por encima del hombro.
Este lugar habla de mi, de como me robaron la vida... Por suerte me he recuperado, ahora queda recuperar todo lo que me perteneció empezando por aquí.
Abrió la puerta y entró en la sala.
A pesar de sus deseos de cruzar la puerta, se quedo quieto, estudiando los frescos; se veía representada la captura de un ser maligno, y se explicaba que fue encerrado en algún lugar no especificado de la iglesia.
Cuando aquel ser salió de la sala, se había vestido con un apretado traje de cuero reforzado con cinchas y hebillas. Era totalmente negro, dejaba al aire libre los hombros, las manos, la parte interior de los muslos y dos franjas verticales en su espalda, dejando a la vista un seguido de letras.
-Desde niño me he estado preguntando que ocultaba esa puerta...¿y solo era tu ropa?
-Nos vemos en el cementerio-Suspiro divertido- y si... solo era eso.- Empezó a andar con una sonrisa socarrona.
-Pero...
-Ahí me podrás preguntar lo que quieras.
Siguió andando sensualmente, cuando Dan raccionó, había desaparecido otra vez.
Salió al cementerio y le vio sentado sobre una lapida, elegante e imponente; se sentó bajo su sombra y se apoyo en la triste piedra.
Se giró hacia el, el corazón de Dan pareció agitarse, sin cuestionarse ya su sexo, era bellísimo.
-Soy Dan, ¿como te llamas?
-Hace mucho que nadie me nombra... Soy “El Primero”
-¿El primero?
-Puedes llamarme Drýen
-¿Es nombre de hombre o mujer?- La emoción brillaba en sus ojos.
-Ni siquiera es un nombre, significa “El Primero” en mi lengua, ademas, cuando me concedieron esta forma me prohibieron tener sexo.
-Así que no eres ni hombre ni mujer... ¿Hay algún motivo para eso?
-Es la condena por mis pecados anteriores
-Y, ¿Que eres?
-Con respecto a eso: ¿ Quieres saber que soy ahora o que fui?- Arrancó la mirada del horizonte y la clavó en los ojos de Dan, cuyo corazón se desbocó.
-¿Que mas da?- Dijo ansioso.
-Es importante, fui un ángel, fui un demonio... ahora soy una profecía a medio camino de lo que ya he sido.
-Un ángel y un demonio... así que existen...-murmuro para si mismo.- y, ¿Que es eso del “primero”?
Soy el primero de muchos que vendrán, y el primero de muchos acontecimientos, nosotros, tu y yo somos la llave.
-¿Como?
Drýen saltó poniéndose en cuclillas frente a Dan, a escasos centímetros de su cara.
Tras un estremecimiento, se acercó hasta casi rozar su piel.
-Tus hijos llevaran mis genes.
-¿Que?- Se ruborizó, nervioso- ¿Tu no eras indefinido o algo así? -Su voz fue débil y tímida.
-¿Quien ha hablado de sexo?- Sonrió travieso y le besó. Fue un beso aterciopelado y oscuro, burdeos.
Dan noto como una nube de aire denso le llenaba los pulmones y se repartía por su interior.
Fue una sensación agradable. Deseó que los negros labios de Drýen no se separasen jamas de los suyos, que nunca terminase ese beso lento y cargado, ese beso que le cambiaría la vida.
Drýen se levantó.
-Tu y yo no volveremos a vernos, pero nuestras sangres se cruzaran de nuevo.
Dan intento seguirle, pero su cuerpo no reaccionó hasta pasada media hora.

Al regresar a su hotel, Dan decidió comprarse una casita en Lasville.
En pocos años, el pueblo experimento un inexplicable y descontrolado crecimiento, dando lugar a una influyente ciudad; Lastown.
Su sueño de encontrar a Drýen se perdió en el tiempo, se centro en su trabajo y su mujer. Hasta que nació su hijo que, pese a tener padres castaños, nació con el fino pelo negro.

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