Llevaban toda la tarde visitando puntos
turísticos de Lasville; un pequeño pueblo medieval plagado de
curiosidades.
Por fin a sus veintisiete años, Dan
iba a cumplir uno de sus mayores sueños, visitar la iglesia de
aquel lugar. No era muy grande ni especialmente conocida, pero
cuando era un niño, en un reportaje, hablaron de ella; había una
antesala escondida con unos oscuros frescos adornándola. Sus
tétricas imágenes le impactaron y, en una de las paredes, había
una antigua puerta cerrada, prohibida. La curiosidad se apodero de el
y se prometió visitar ese lugar que, dejo una profunda marca en el.
<<...este es el pozo de la
iglesia. La boca del pozo esta a la altura del suelo por lo que
ocurrieron muchos accidentes; ese es el motivo de los barrotes que lo
cubren. Era utilizado...>>
Dan quedó rezagado, perdido en la
profundidad del pozo.
Tras una leve ondulación del agua, un
blanco rostro apareció bajo la superficie del agua; sus negros
cabellos se esparcian lentamente por el agua dramatizando sus fríos
ojos.
Sus miradas se cruzaron un instante y
la cara se fundió bajo el agua carente de luz.
-Señor- una mano se poso sobre el
hombro de Dan, sobresaltándolo.- ¿Se encuentra bien?
-Eh.. si
-No se separe del grupo, por favor.
-Gracias- Hecho una ultima mirada al
pozo, vio una trampilla en la pared. Parecía conectar con la
iglesia.
Siguió al guía, perdido en aquel
extraño rostro.
Al entrar en la iglesia, sus ojos
repararon en miles de detalles pero su mente seguía en el pozo.
Por encima del lejano murmullo de
turistas, escucho una siniestra voz: “¿Quien sera? ¿ No quieres
saberlo? ¿Como podrías llegar al pozo?” La voz era cada vez mas
nítida y cercana “¿No quieres saber quien soy? ¡Presta
atención!”
<<Por este pasillo – El guía
señalo aun estrecho corredor- los monjes accedían al agua del pozo
sin que la gente del pueblo...>>
Rápidamente se ocultó tras unas
columnas.
Cuando todo quedo en calma, se adentró
por el pasillo hasta una pequeña sala, en las paredes habían
algunos cubos para el agua, y frente a el, una trampilla metálica.
Avanzó tres pasos y extendió el
brazo, con la temblorosa mano abrió el cerrojo. Podía ver la pared
del pozo a través de la trampilla abierta.
Se asomó con los ojos cerrados; al
abrirlos, su propio reflejo le asusto, golpeándose la cabeza.
Se dio la vuelta y respiró lentamente.
Cuando se disponía a subir las
escaleras, escucho un suave goteo proveniente del pozo. Miro hacia
allí y vio desplomarse un cuerpo desnutrido y blanco, no pálido,
blanco.
Estaba boca abajo, no parecía haber
carne bajo su piel, pero, lo peor, era su cara; triste, dolorida y
consumida.
Le miro a los decolorados ojos, solo
con un leve suspiro oliva en el palido iris.
-Ahora vuelvo, voy a por ayuda.
No podía apartar de su mente la imagen
del blanco cuerpo contra la piedra, solo roto por el negro de su
cabello
Al salir del pasillo choco contra uno
de los guardias.
-Hay un...- Casi dijo hombre, pero en
realidad, no estaba seguro de su sexo.- una persona malherida ahí
abajo.
El guardia bajó corriendo mientras Dan
buscaba mas ayuda. Avisó a otro guardia y, mientras buscaba a un
tercero, ya mas calmado, pensó que no seria necesario.
Al bajar las escaleras del corredor,
encontró una escena atroz; le habían devorado la muñeca a uno de
los guardias y el otro tenia un mordisco que dejaba sus costillas al
aire. El individuo del pozo ya no estaba allí.
-¿Donde esta?- No obtuvo respuesta-
¿Donde esta el...o ella?
Los guardias habían perdido demasiada
sangre como para responder.
Los observó un instante y,
apesadumbrado, siguió su búsqueda.
Tenia algo especial, necesitaba
encontrarle.
La iglesia estaba casi desierta, las
visitas estaban en los jardines.
Se oyó un forcejeo en una sala
próxima.
Bajo la mirada de la virgen, estaba
arrodillado aquel blanco individuo, sosteniendo una mujer en sus
brazos. Le partió la columna vertebral contra la rodilla mordió su
traquea,. Mientras bebía su sangre, dos lineas negras descendieron
desde su nuca hasta el coxis, bordeando sus vertebras.
A continuación, mordió al hombre que
yacía a su lado, probablemente el acompañante de la mujer, dos
lineas mas surgieron de su nuca hacia sus manos, donde se ramificaron
en complicados diseños, adornos para sus estilizados dedos.
Dan permaneció inmovili, en estado de
shock.
Tras limpiarse la sangre de la cara,
miró a Dan a los ojos, su rostro ya no estaba desnutrido, era
totalmente andrógino, su piel, era ahora fina y, la órbita de sus
ojos, igual que sus labios, era negra.
-Tranquilo, a ti no te haré daño.- Le
susurró al oído; y siguió andando. Cuando empezaba a subir las
escaleras Dan se giró. por primera vez se fijo en su cuerpo, que
había mejorado notablemente. A pesar de tener un sexo tan
indefinible como su tez, le pareció atractivo.
Subió corriendo las escaleras, pero
aquel individuo se había esfumado.
Perdido en su culpa y en el objeto de
su incipiente obsesión, se sentó en un banco con la cabeza
agachada.
Un grupo de turistas paso en silencio
por respeto a sus inexistentes oraciones.
Tras veinte minutos de confusos
pensamientos, todo quedó en silencio, y aquella voz, Su voz, regreso
a él.
“No te distraigas”
Dan miró a su alrededor, estaba allí
mismo, entrando por una discreta puertecilla.
Reconoció esa puerta, era la entrada a
la sala de los frescos; sus dos obsesiones confluían ahora en un
mismo lugar. Saltó por encima del banco y se detuvo un instante
frente a la puerta. La abrió.
Un monje yacía muerto en el suelo, Él
sostenía una llave en la mano. De las dos lineas que cruzaban su
espalda, habían surgido siete horizontales a modo de costillas, que
servían de pauta a extraños símbolos y letras, sus piernas,
estaban también cubiertas de negros caracteres. No pudo evitar
preguntarse a cuantas personas abría matado para llegar a ese
estado.
De repente, sin girarse, Él le miró
por encima del hombro.
Este lugar habla de mi, de como me
robaron la vida... Por suerte me he recuperado, ahora queda recuperar
todo lo que me perteneció empezando por aquí.
Abrió la puerta y entró en la sala.
A pesar de sus deseos de cruzar la
puerta, se quedo quieto, estudiando los frescos; se veía
representada la captura de un ser maligno, y se explicaba que fue
encerrado en algún lugar no especificado de la iglesia.
Cuando aquel ser salió de la sala, se
había vestido con un apretado traje de cuero reforzado con cinchas y
hebillas. Era totalmente negro, dejaba al aire libre los hombros,
las manos, la parte interior de los muslos y dos franjas verticales
en su espalda, dejando a la vista un seguido de letras.
-Desde niño me he estado preguntando
que ocultaba esa puerta...¿y solo era tu ropa?
-Nos vemos en el cementerio-Suspiro
divertido- y si... solo era eso.- Empezó a andar con una sonrisa
socarrona.
-Pero...
-Ahí me podrás preguntar lo que
quieras.
Siguió andando sensualmente, cuando
Dan raccionó, había desaparecido otra vez.
Salió al cementerio y le vio sentado
sobre una lapida, elegante e imponente; se sentó bajo su sombra y se
apoyo en la triste piedra.
Se giró hacia el, el corazón de Dan
pareció agitarse, sin cuestionarse ya su sexo, era bellísimo.
-Soy Dan, ¿como te llamas?
-Hace mucho que nadie me nombra... Soy
“El Primero”
-¿El primero?
-Puedes llamarme Drýen
-¿Es nombre de hombre o mujer?- La
emoción brillaba en sus ojos.
-Ni siquiera es un nombre, significa
“El Primero” en mi lengua, ademas, cuando me concedieron esta
forma me prohibieron tener sexo.
-Así que no eres ni hombre ni mujer...
¿Hay algún motivo para eso?
-Es la condena por mis pecados
anteriores
-Y, ¿Que eres?
-Con respecto a eso: ¿ Quieres saber
que soy ahora o que fui?- Arrancó la mirada del horizonte y la clavó
en los ojos de Dan, cuyo corazón se desbocó.
-¿Que mas da?- Dijo ansioso.
-Es importante, fui un ángel, fui un
demonio... ahora soy una profecía a medio camino de lo que ya he
sido.
-Un ángel y un demonio... así que
existen...-murmuro para si mismo.- y, ¿Que es eso del “primero”?
Soy el primero de muchos que vendrán,
y el primero de muchos acontecimientos, nosotros, tu y yo somos la
llave.
-¿Como?
Drýen saltó poniéndose en cuclillas
frente a Dan, a escasos centímetros de su cara.
Tras un estremecimiento, se acercó
hasta casi rozar su piel.
-Tus hijos llevaran mis genes.
-¿Que?- Se ruborizó, nervioso- ¿Tu
no eras indefinido o algo así? -Su voz fue débil y tímida.
-¿Quien ha hablado de sexo?- Sonrió
travieso y le besó. Fue un beso aterciopelado y oscuro, burdeos.
Dan noto como una nube de aire denso le
llenaba los pulmones y se repartía por su interior.
Fue una sensación agradable. Deseó
que los negros labios de Drýen no se separasen jamas de los suyos,
que nunca terminase ese beso lento y cargado, ese beso que le
cambiaría la vida.
Drýen se levantó.
-Tu y yo no volveremos a vernos, pero
nuestras sangres se cruzaran de nuevo.
Dan intento seguirle, pero su cuerpo no
reaccionó hasta pasada media hora.
Al regresar a su hotel, Dan decidió
comprarse una casita en Lasville.
En pocos años, el pueblo experimento
un inexplicable y descontrolado crecimiento, dando lugar a una
influyente ciudad; Lastown.
Su sueño de encontrar a Drýen se
perdió en el tiempo, se centro en su trabajo y su mujer. Hasta que
nació su hijo que, pese a tener padres castaños, nació con el fino
pelo negro.
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