Estaba
sucediendo otra vez. No podía controlarlo; notaba como su alma se
rompía en pedazos.
Definitivamente
no podía vivir sin la luna; su lobo interior enloquecía.
Miró al cielo
manchado de estrellas; pequeños haces de luz precediendo la ruptura
de la oscuridad.
No solo el lobo
enloquecía en su interior.
La música
destrozaba sus tímpanos, tenía los nudillos en carne viva, pero el
dolor era mínimo en comparación con lo que sentía.
Le estaba
llamando, reposando sobre la estantería; la ultima daga de su
colección. Aun no había sido desafilada.
Se hizo un
pequeño corte en el abdomen, luego otro... no fue suficiente.
Empezó a
gravar símbolos en su piel, subiendo desde su cintura para que la
sangre no cubriese su lienzo.
Los garabatos
se extendieron por la parte delantera de su tronco y por sus brazos.
Por ultimo, gravó dos lineas en su rostro, siguiendo la trayectoria
de sus lagrimas.
Se relajó, era
maravilloso, por primera vez su dolor físico se acercaba minimamente
a su tortura interior y, ademas, esos símbolos le hacían realmente
hermoso.
Se podía leer
su alma a través de su cuerpo.
Los cortes eran
profundos y definidos, podían leerse a través de la cortina de
sangre, que fluía libre; este hecho empezó a afectarle. El
agotamiento se apodero de el y se tumbó en la cama.
Al estirarse,
las heridas se abrieron mas; la sangre goteaba desde las sabanas
teñidas. Todo se difuminó.
Lo único que
habría cambiado, quizás, seria estar al aire libre, junto a la
noche.
El cansancio lo
tomó y el se dejo llevar, tranquilo, a una dimensión mas adecuada
para él, donde las contradicciones de esta no le consumiesen.
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