jueves, 8 de noviembre de 2012

Tres impactos


Me miro en un espejo apoyado en una pared de la calle. Me miro yo, no yo, sino mi otro yo.
Su sonrisa se ensancha, sabe que hay una brecha, sabe que puede escapar.
Rápidamente me coge por el cuello y estira. A pesar de que mi cuerpo sigue inmóvil, mi cara esta contra el espejo. Intento apartarme pero es demasiado fuerte, me mete en él y ocupa mi cuerpo, dejándome en una región perdida en mi mente.

Todo se difumina, mi piel se resquebraja, dejando salir dos negras alas ensangrentadas, muertas, cayendo hacia el suelo. Mi piel, la de debajo de la piel rota, es pálida, solo oscurecida por negras venas, que lloran sangre sin brillo.
Me tambaleo por la calle.
Siento un fuerte impacto en el pecho, el dolor se apodera de mi; ardientes lagrimas surcan mi cara mientras una sonrisa perturbada por el sufrimiento me desgarra la cara.
Segundo impacto, cierro los ojos. Recupero la visión nítida, el cielo es negro como las paredes y el suelo, todo esta teñido de oscuridad.
Me desplomo sobre el suelo de un descampado, horrorizado, paralizado por la angustia. La arena es negra, y la mayoría de las piedras grises pero hay algunas excepciones; algunas son de un verde chillón y otras púrpura. Algunas regiones del cielo son teñidas de rojo, y a lo lejos se divisan hogueras de carne y sangre.
¿Que lugar es este?
Miro a mi alrededor, no hay nada, solo mis pobres reflejos que me persiguen, descarnadas calaveras gritando: no quiero ser yo.
Tercer impacto.

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