Una silueta se vislumbro entre los
arboles que rodeaban la mansión, entre sus sombras.
-¡Ahí esta! Abre la puerta.
La puerta se cerro tras el joven, el
rizado cabello ocultaba gran parte de su rostro.
-Hola madre.
-¡Ven aquí ahora mismo! ¿Sabes lo
mal que lo hemos pasado?
-Ehm...
-¡Silencio! No me interrumpas; cuantas
veces te he dicho que no te ocultes la cara con el pelo mientras
hablas conmigo. ¿Como se te ocurre saltar por un acantilado y no
volver en tres días?
-No pude evitarlo, fue increíble... lo
necesitaba...
-¿Y los tres días?
-Recorrí los bosques bajo el
acantilado y regresé.
-Desde que eres pequeño que tienes
prohibido ir a esa zona... ademas, ¡podrías haber muerto!
-Salté al mar, no pasa nada.
-Eres igual que tu abuelo, la sangre os
gobierna, os devoran las pasiones y os impiden pensar con claridad...
el ya fue una vergüenza para una familia de tan alta clase como
esta,-El joven puso los ojos en blanco, aburrido- y tu no seras otra,
no eres un niño, ya tienes veintitrés años ¡céntrate!
-No puedo, mi alma me pide que siga mis
deseos, no los tuyos, no seré un maniquí frio solo porque quieras
dar una imagen cuadrada de esta familia. Me voy a la habitación.
-Quieto ahí, coge la chaqueta, nos
vamos a ver a Calen, esta situación no puede seguir, míranos,
estábamos todos muy preocupados.
-¿Al curandero?
Su madre le agarro fuerte
del brazo y se lo llevó.
-Sube al coche.-El joven subió
obediente.- Calen solucionara esto, igual que hizo con tu
abuelo-arrancó el coche- el fue el único que pudo curarle.
-No lo veo como una enfermedad, sino
como..
-¿Perdona?-Su alterada cara prevenía
de un soporífero sermón así que el joven se quedo absorto en el
paisaje que les envolvía.- ¡Te has tirado desde un acantilado! ¿Eso
no es una...
<<Que sensación tan agradable
durante la caída, que tranquilidad y libertad, que emotiva la
acogida del océano entre sus olas...>>
-...ademas, podrías haberte golpeado
contra una roca, o haber muerto ahogado,...
<<Que bonito esta el bosque, con
sus antiguos arboles vestidos de nieve, fuertes, aunque encadenados
¿como pueden vivir así? Fijos...>>
-... y no hablemos de tu
fuga de tres días ¿estas loco? Sabes lo...
<<Algún día me largare de esta
casa, le dejare el negocio a mi hermano y yo me iré, viviendo del
dinero que heredare y el que gane trabajando. No tardare en
marcharme...>>dejó escapar un leve suspiro.
-...entendido?
Entraron al pueblo, y por primera vez
en todo el viaje, tras veinte minutos de sermón, el coche quedó en
silencio.
El pueblo estaba cubierto de nieve, no
se veía a nadie por las calles.
Se aceraron a una cabaña de piedra
redondeada, un tanto alejada del pueblo.
Picaron a la puerta y les abrió un
anciano encorvado, se paso una mano por la calva y la barba mientras
los observaba:
-Cuanto tiempo señora... Ha crecido
mucho, pero parece estar mejor que yo.-Se le escapo una risita.
-Venimos- carraspeó- Por el mismo
motivo.
-Ya veo, quiere suprimir el ímpetu de
las pasiones de su...
-Mi hijo.
-Pasad por favor.
La casa era pequeña y estaba
abarrotada de libros, plantas, frascos y otros artilugios.
-¿Que es lo que quieren exactamente? O
lo que quiere mas bien...- Miro picaron al chico.
-Lo sabes perfectamente, no me hagas
perder el tiempo.
-Ya veo que no has cambiado nada desde
la ultima vez...¿No viste como quedo Abner?
-Digno de una familia como la nuestra,
sin esas... ¡extravagancias estúpidas! Vamos, no me hagas perder
mas tiempo.
Refunfuñando, Calen empezó a reunir
frascos en una mesa y a mezclar su contenido. Cuando tuvo el brebaje
listo, extendió el huesudo brazo, ofreciéndoselo al chico. El miro
el frasco desconfiado.
-Bebe, rápido, ya he esperado bastante
mientras te lo preparaban.
El joven, malhumorado, se lo tomó.
-¿Que hace esto?
-Eliminara tus impulsos y deseos mas
locos e irrefrenables... te hará mas parecido a tu madre...
Por ultimo, debes ir a la estación
dentro de tres días, y tomarte esto -le mostró una raíz- para
completar el proceso. Sera duro.
-Larguémonos de aquí hijo, ya he
visto bastante a este vejestorio por hoy.
-Perdone señor... me avergüenzo...
-No- Le cortó- perdóname tu por haber
preparado esto.
-Usted solo cumplía un encar...-Su
madre le interrumpió.
-¡Vamos! No soporto este lugar tan
vulgar.- Compuso una mueca de asco y salio por la puerta hinchada y
altiva como un pavo.
El viaje de vuelta a la mansión fue
silencioso, ninguno de los dos hablo o miró al otro, como si
estuvieran completamente solos en el coche.
Durante los siguientes tres días,
vigilaron al muchacho constantemente, unicamente estaba solo en su
cuarto, y a pesar de que muchas veces pensó en huir, creyó que solo
empeoraría la situación.
-¡Despierta! Hoy es el gran día.-
-Madre, estoy durmiendo.
-Levántate, vamos a la estación. No
quieras estropearme este día tan feliz.
-Quieres dejar de cantar... me taladras los oídos...
Se levanto desganado, se vistió
rápidamente y bajó al salón donde su madre le esperaba.
Tras desayunar, fueron directamente a
la estación.
Era un gran edificio abovedado, con
inmensas cristaleras, antiguo, un lugar al que acudía gente incluso
de otros países por las leyendas que explicaban como muchas personas,
se desprendían de sus miedos, recuerdos, almas...
-Comete esto.
-Ni siquiera ha llegado el maquinista
aun.
-Yo nunca le he visto y llevo mucho
viniendo a esta estación.
Miró la arrugada raíz y se la comió.
Sabia como a una mezcla de hierro, pimienta y caramelo.
Mientras la tragaba, una viscosa
substancia empezó a recorrer su interior, revolviéndolo por dentro.
Empezó a sudar. Dando tumbos, se apoyo
contra una pared mientras se le nublaba la vista. Vomitó. Escuchaba
a su madre, lejana, no podía entenderla.
Miró el charco granate que había a
sus pies y vio un reloj de bolsillo en él; marcaban las trece menos
veinte.
Confuso, miró a su alrededor, a pesar
de ver todo bien, la gente estaba borrosa.
Una voz cascada le hablo desde su
espalda sobresaltándolo.
-No pierda el reloj, señor.
Era un hombre mayor, encorvado y sucio.
Bajo su chistera salia una enmarañada mata de pelo blanco; su capa
estaba rota dejando entrever un traje.
-¿Como? ¿Que clase de reloj es este?
-El reloj es el billete de este viaje,
marca tu propio tiempo, independientemente de la hora real.-Se alejó.
El joven, desconcertado, se disponía a
seguirle cuando le atenazó un terrible dolor en el pecho.
La roja mancha de su camisa descendía
rápidamente hacia el suelo. Se palpo el pecho aterrorizado, apretó
el punto de partida de la sangre pero no sirvió de nada, esta siguió
fluyendo, formando un charco frente a él.
Retrocedió un paso, un hilo de sangre
siguió su pie, evitando que se separaran.
Tras un leve temblor, el charco se elevó
tomando la forma de una dama de sangre. Su vestido y su melena
flotaban a su alrededor.
Se miraron a os ojos.
Fascinado, le tendió la mano; el fino hilo de sangre ascendió hasta coincidir con la mano de ella, uniéndose a la suya. Fue entonces cuando, de algún modo, comprendió que si dejaban de estar en contacto directo, ya no podrían seguir juntos.
Se miraron a os ojos.
Fascinado, le tendió la mano; el fino hilo de sangre ascendió hasta coincidir con la mano de ella, uniéndose a la suya. Fue entonces cuando, de algún modo, comprendió que si dejaban de estar en contacto directo, ya no podrían seguir juntos.
Se abrazaron fuertemente, no pudo
evitar pensar en el modo en que sus cuerpos se apretaban, pero su
mente se perdió en otros campos. Era realmente hermosa, hechizante,
y podía ver fuego en su mirada, de hecho, veía su propio fuego en
los ojos de ella.
-Tu eres mi pasión, mis deseos, todo
lo que siempre he sido. Dime ¿que seré sin ti?
Ella le miro triste y le besó. Fue una
sensación increíble, se sintió arder por dentro, le estrechó la
cintura y recorrió su cuerpo hasta la cabellera, donde se quedo
jugando.
-Se os hace tarde queridos- La voz del
maquinista rompió aquel momento.- Empezad a despediros.-Rió
mientras señalaba su muñeca llena de relojes.
Se dirigieron al tren, parándose
frente a la puerta. Volvieron a mirarse.
-No puedo dejar que te marches
Ella cogió el reloj de bolsillo.
-Claro, tu billete...- Una lagrima cayo
por su mejilla. Ella también lloró.
En medio de ese leve sollozo, sus manos
se aflojaron lo suficiente para que el maquinista pudiera separarlas
de un golpe. Abrió su capa mostrando las muñecas y tobillos llenos
de relojes de pulsera ademas de los relojes de bolsillo que colgaban
de toda su ropa. Eran las trece en punto, el tren debía partir.
Fueron a abrazarse por ultima vez pero
una fuerza invisible se lo impidió.
El maquinista acompañó a la dama al
tren, cerrando la puerta tras ellos.
Pocos segundos después, el tren se
marchó.
Ya no volvería a verla...
Abatido, agacho la mirada percatándose
de que en el suelo descansaba una lagrima de sangre cristalizada, se
agacho y la guardó.
Durante los siguientes días, a pesar
de la felicidad de su madre, el joven languideció en su cuarto,
prácticamente no salia de ahí y casi no comía.
Empezó a adelgazar y empalidecer,
observando el paso del tiempo, sin soltar nunca la lágrima de
sangre.
No savia cuanto llevaba en la cama,
probablemente mas de un día; se sentía débil, mas de lo habitual
en esos días, así que pensó en comer alguna cosa. Al levantarse le
fallo una pierna y se clavó la lagrima en la mano. Cuando fue a
sacársela, esta se volvió liquida y se perdió en sus venas.
Sintió el despertar de una pequeña
flama en su interior, estaba harto.
Empezó a comer de nuevo, y reunió
gran parte de su propiedad económica con el pretexto de abrir un
nuevo negocio familiar.
Cuando se hubo recuperado, huyo a altas
horas de la noche dejando solo una nota tras él.
“Lo siento madre, pero no puedo vivir
sin mis sueños y pasiones, sin mi sangre.
Tu quisiste cambiarme, suprimirme;
quisiste tener el hijo de tus sueños en vez de aceptar el que
tenias, y por eso ahora me has perdido.
No intentes detenerme, me reuniré con
ella y dejare que de ahora en adelante guíe mis pasos sin reprimirla.
Adiós.”
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