Empezó a abrir los ojos pero tuvo que
cubrirlos con un brazo por el viento y la arena.
Se puso las gafas que colgaban de su
cuello y ajusto bien la cinta de cuero para que no entrara la arena.
Estaba prácticamente enterrado, se
levantó y fue dando tumbos hasta una formación rocosa contra la que
se refugió.
No recordaba como había llegado hasta
allí, de hecho no recordaba haber visto nunca unas rocas tan
extrañas.
Descansó largo rato hasta que
disminuyo su dolor de cabeza y su desorientación.
Miró a su alrededor y comprendió que
no se estaba refugiando en unas rocas, sino tras unas inmensas
costillas, intento ver donde llegaban pero sus puntas se perdían
entre la tormenta.
No sabia por donde avanzar, todo era
desierto y oscuridad, así que decidió seguir por debajo de las
costillas para tener un punto de referencia fiable.
La tormenta empeoró y decidió
ocultarse en el hueco entre dos vertebras, se dio cuenta de su
cansancio y cayó dormido.
El viento amainó, se levantó y siguió
su marcha, ahora que tenia mejor visibilidad, observo que colgado de
la mandíbula al esternón había un puente de madera, alguien tenia
que haberlo construido, y a algún lugar llevaría, así que siguió
avanzando.
A su alrededor sonaban ecos distantes,
como voces sepultadas por la arena.
Cuando hubo pasado por debajo del
esternón, empezó a trepar por las vertebras.
Las voces se intensificaron; le pareció
ver figuras danzando tras la cortina de arena que se extendía frente
a el.
Saltó de vertebra en vertebra,
avanzando por una escalera demasiado grande, o quizás desagradable
para el.
Cuando empezaba a aproximarse al
cráneo, percibió un movimiento tras el, una de las sombras empezaba
a trepar por una de las vertebras, y a pesar de sujetarse con todas
las manos, su cuerpo parecía seguir bailando una triste y macabra
melodía inaudible.
Avanzó, ignorando las siniestras voces
que resonaban en el viento, hasta entrar en el interior del cráneo.
Quedo maravillado por la resonancia que
producía la enorme bóveda con el roce del viento.
Dentro del cráneo, unas escaleras
esculpidas en el propio hueso ascendían hacia una salida; pensó que
seria mejor descansar antes de seguir.
Se despertó, no sabia cuanto había
dormido, el lugar era realmente agotador, y el ambiente no ayudaba.
Se levanto y empezó a subir por las
escaleras, la corriente de viento le trajo el áspero gusto de la
arena, tendría que luchar contra la tormenta a través del puente.
La situación era mucho peor de lo que
imaginaba, el puente de madera colgaba de cuerdas en muy mal estado,
y la tormenta lo zarandeaba furiosa, como si no quisiera que lo
cruzase. Tampoco quería retroceder, mientras había subido las
escaleras, algunas siluetas habían empezado a infiltrarse en el
cráneo, cada vez escuchaba sus cantos mas cercanos.
Reunió fuerzas, se agarró a las
cuerdas, y empezó a cruzarlo. El puente se movía aun con su peso
encima, la arena le impedía ver los tablones, pero siguió, primero
un pie, luego otro, luego las manos...
Salto y aterrizó contra el hueso,
inmediatamente después se levanto y avanzó. A lo lejos vio una
estructura pequeña. Cuando se acercó, pudo ver que era una fuente.
Eufórico, corrió hacia ella,
sediento, y se sació.
Notó el agua recorriendo cada
centímetro de su cuerpo, y a su paso, la sangre deteniéndose,
enfriándose. Sus pulmones no respondían, su mente se nublaba, todo
oscuro.
Se sintió débil y ligero, vio como se
alejaba de su cuerpo frio, ascendiendo. Desde lo alto, pudo ver el
enorme esqueleto entero; al fijarse en sus manos, pudo contar tres
anillos, los suyos propios, era su esqueleto, seco y olvidado,
atrapado en medio de ninguna parte.
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