martes, 9 de octubre de 2012

Las ultimas lágrimas

Empezó a abrir los ojos pero tuvo que cubrirlos con un brazo por el viento y la arena.
Se puso las gafas que colgaban de su cuello y ajusto bien la cinta de cuero para que no entrara la arena.
Estaba prácticamente enterrado, se levantó y fue dando tumbos hasta una formación rocosa contra la que se refugió.
No recordaba como había llegado hasta allí, de hecho no recordaba haber visto nunca unas rocas tan extrañas.
Descansó largo rato hasta que disminuyo su dolor de cabeza y su desorientación.
Miró a su alrededor y comprendió que no se estaba refugiando en unas rocas, sino tras unas inmensas costillas, intento ver donde llegaban pero sus puntas se perdían entre la tormenta.
No sabia por donde avanzar, todo era desierto y oscuridad, así que decidió seguir por debajo de las costillas para tener un punto de referencia fiable.
La tormenta empeoró y decidió ocultarse en el hueco entre dos vertebras, se dio cuenta de su cansancio y cayó dormido.
El viento amainó, se levantó y siguió su marcha, ahora que tenia mejor visibilidad, observo que colgado de la mandíbula al esternón había un puente de madera, alguien tenia que haberlo construido, y a algún lugar llevaría, así que siguió avanzando.
A su alrededor sonaban ecos distantes, como voces sepultadas por la arena.
Cuando hubo pasado por debajo del esternón, empezó a trepar por las vertebras.
Las voces se intensificaron; le pareció ver figuras danzando tras la cortina de arena que se extendía frente a el.
Saltó de vertebra en vertebra, avanzando por una escalera demasiado grande, o quizás desagradable para el.
Cuando empezaba a aproximarse al cráneo, percibió un movimiento tras el, una de las sombras empezaba a trepar por una de las vertebras, y a pesar de sujetarse con todas las manos, su cuerpo parecía seguir bailando una triste y macabra melodía inaudible.
Avanzó, ignorando las siniestras voces que resonaban en el viento, hasta entrar en el interior del cráneo.
Quedo maravillado por la resonancia que producía la enorme bóveda con el roce del viento.
Dentro del cráneo, unas escaleras esculpidas en el propio hueso ascendían hacia una salida; pensó que seria mejor descansar antes de seguir.
Se despertó, no sabia cuanto había dormido, el lugar era realmente agotador, y el ambiente no ayudaba.
Se levanto y empezó a subir por las escaleras, la corriente de viento le trajo el áspero gusto de la arena, tendría que luchar contra la tormenta a través del puente.
La situación era mucho peor de lo que imaginaba, el puente de madera colgaba de cuerdas en muy mal estado, y la tormenta lo zarandeaba furiosa, como si no quisiera que lo cruzase. Tampoco quería retroceder, mientras había subido las escaleras, algunas siluetas habían empezado a infiltrarse en el cráneo, cada vez escuchaba sus cantos mas cercanos.
Reunió fuerzas, se agarró a las cuerdas, y empezó a cruzarlo. El puente se movía aun con su peso encima, la arena le impedía ver los tablones, pero siguió, primero un pie, luego otro, luego las manos...
Salto y aterrizó contra el hueso, inmediatamente después se levanto y avanzó. A lo lejos vio una estructura pequeña. Cuando se acercó, pudo ver que era una fuente.
Eufórico, corrió hacia ella, sediento, y se sació.
Notó el agua recorriendo cada centímetro de su cuerpo, y a su paso, la sangre deteniéndose, enfriándose. Sus pulmones no respondían, su mente se nublaba, todo oscuro.

Se sintió débil y ligero, vio como se alejaba de su cuerpo frio, ascendiendo. Desde lo alto, pudo ver el enorme esqueleto entero; al fijarse en sus manos, pudo contar tres anillos, los suyos propios, era su esqueleto, seco y olvidado, atrapado en medio de ninguna parte.

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