Tenia frío,
hacía días que ni dormía ni comía bien.
Seguía tensa y
quieta, moviendo un brazo únicamente para cambiar el CD.
Los vecinos,
que nunca llegaron a conocerla bien, pensaron que estaría de viaje,
o que se habría mudado al fin. Pero ella seguía en la casa,
totalmente oscura, con un ambiente viciado y enfermizo.
Sus hundidos
ojos escrutaron la habitación, deteniéndose en un punto indefinido.
Acababa de acordarse de que aun quedaba uno entero.
Salió de la
habitación en ropa interior y bajo las escaleras hacia el salón.
Hacia días que no entraba.
Allí estaba,
un espejo de cuerpo entero. Lo primero que vio fueron sus perfiladas
costillas, lo segundo, sus lágrimas borrando el ya difuso maquillaje
de los ojos.
Cerró los
puños hasta que le sangraron las heridas de los nudillos; no dudó
en golpear ese espejo también.
Cuando no pudo
ver su cara entera reflejada en ninguno de los fragmentos se
tranquilizó, tomó su pelo, que caía hasta media espalda y lo
observó pensativa.
Subió a su
habitación, cogió un permanente e ignorando las manchas de nudillos
en la pared, escribió:
“Cuando el
ultimo cuervo haya volado, no quedara nada de mi.”
Se tumbó en la
cama y se dejó llevar por la música.
Abrió los
ojos, en la eterna noche de su casa quedaba un espejo. Uno que no
quería destruir.
Se levantó y
empezó a buscar por la casa, no lo encontró.
Solo podía
estar en un lugar, el comedor. Era la parte de la casa que mas
odiaba, allí había empezado todo.
La sala
desprendía un hedor horrendo, había comida en descomposición,
cuchillos y vomito en el suelo, pero, sobre todo, fragmentos de
espejo esparcidos por todas partes.
Caminó
sigilosa por el cuarto, ignorando los cristales incidiendo en sus
pies.
Abrió
lentamente el cajón de uno de los muebles.
Rebuscó entre
los mechones de su propio pelo hasta dar con un pequeño espejo de
mano.
<<¿Crees
que no te veo?>> La voz resonó en su mente, grave y fría.
Aterrorizada
miró la habitación, no vio nada.
Lentamente,
miro a través del espejo.
Un cúmulo de
oscuridad humanoide la observaba a sus espaldas, acariciándose el
estomago.
<<Se lo
que has hecho...¿Podrás perdonarte?>>
Las lagrimas
surcaron su rostro de nuevo.
Corrió hacia
el lavabo y se encogió en un rincón.
<<Aunque
estés hecha un ovillo puedo verte; como una patética y sucia
rata...>>
-Vete... ve-te-
consiguió articular entre aterrados sollozos.- vete ya...
<<No,
sabes que no me iré sin ti.>>
-Vete- cerró
los ojos con fuerza- !vete¡-
Escucho como se
acercaba, llevó sus dedos hacia el piercing de su labio.
<<No lo
harás>> Rió.
Se arrancó el
aro con un destrozado aullido. Cuando abrió los ojos aquel ser había
desaparecido..
Apoyo el espejo
en la pica y empezó a cortarse el pelo en pequeños mechones,
observando su lenta caída hacia el suelo.
Hacia la media
melena se miró. -Ya queda poco-
Fue al comedor
y se quedó quieta unos segundos.
-Cuando el
ultimo cuervo haya volado, no quedara nada de mi...- dijo- pero antes
de eso...
Empezó a
golpearse la cabeza contra la pared, llorando desesperada;
finalmente, cogió un cuchillo y lo clavo entre dos costillas,
perforándose el corazón.
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