martes, 19 de febrero de 2013

Otoño

Estábamos paseando, tu y yo, entre la suave y cálida luz que bañaba aquel bosque otoñal. Las hojas; naranjas, rojas, cobrizas, danzaban a nuestros pies y llovían en poca pero constante cantidad.
Precioso.
Seguimos andando hasta que una alta pared, erosionada y mohosa, nos cortó el paso.
Caminamos a su lado, buscando su final. En el trayecto, hallamos la entrada, una verja de retorcidos hierros. Las dos puertas unidas formaban, en su centro, un circulo con una H en su interior.
Podía ver a lo lejos la estatua de un ángel con un ala rota. Un cementerio.
Nos miramos con determinación, nuestras manos se separaron dolorosamente pero, tras saltar la puerta, se entrelazaron ansiosas.
Pasada una pequeña muralla de secos setos, se extendía un campo salpicado de lápidas y cruces sin orden aparente.
Como nosotros, los arboles habían saltado la muralla adornando el lugar, tiñéndolo de otoño.
Lentamente avanzamos hacia el centro, donde reinaba el ángel.
Es hermoso- Te dije yo.- Pero no tanto como tu:”
Cállate, no digas tonterías.” Te alejaste divertida. Fui tras tus pasos, tu sonrisa, hasta una lapida sobre la que nos apoyamos.
Te besé.
Fue increíble, nos perdimos en la mirada, el sabor del otro.
Un movimiento en el suelo me saco de trance.
¿Te pasa algo?” Mezcla de preocupación y curiosidad.
Me ha parecido ver algo, creo que era una culebra.”
Nos abrazamos, el tiempo se alargó, aletargado en nuestra calma, en nuestro amor.
En una lápida vecina, vi un curioso animal; una especie de insecto sin un exoesqueleto rígido, gris con un leve toque granate. Levantó las patas delanteras amenazante.
Súbitamente, un tentáculo de características similares a la pequeña criatura se alzó entre las hojas. Retrocedimos, asustados, mientras mas tentáculos empezaban a rodearnos.
Salimos corriendo hacia la puerta, al pasar cerca del ángel empecé a detectar movimientos a lo largo del cementerio; no pude evitar mirar atrás. Nos estaban alcanzando.
Saltamos los setos y te agarraste a la puerta; te estaba ayudando a subir cuando uno se lanzó hacia ti, veloz. Me interpuse mientras tu saltabas. Intentaste coger mi mano entre los barrotes, casi nos rozamos, pero aquel ser tiro fuertemente de mi alejando nuestros dedos; alejando nuestras vidas.
Los tentáculos tiraban de mi hacia un hoyo sobre el que emergía una lapida, mientras, ligera, una pluma pétrea caía del ala izquierda del ángel.
¡Lárgate!- Grité- que al menos uno salga de aquí.”
Lo ultimo que pude ver antes de ser enterrado, fue tu cara contraída de dolor entre los barrotes y tu brazo extendido hacia mi.


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