Minerva llego a casa tras un largo día,
no le había ido bien en los estudios ni en el trabajo, como siempre
se habían pasado el día burlándose de ella.
Dejó las bolsas en el salón y cruzó
la mitad del pasillo hasta el lavabo. Se miró en el espejo; una vez
mas deseo no verse a si misma, deseo desaparecer. Se quitó las gafas
para secarse las lagrimas mientras salia al pasillo, cuando volvió a
ponérselas, vio una figura vestida de negro contra la pared.
Llevaba un sombrero de ala ancha, pelo
largo, chaqueta larga y botas, todo negro.
-¿Quien... que haces aquí?-Silencio-
¡Responde! o... o llamare a la policía
La figura dio un paso al frente y se
encaro hacia ella.
-Tranquila, no pasa nada.-Su voz era
serena y suave.
-Quieto, no te acerques.
-Tranquila, no pasa nada- Con los codos
pegados a las costillas, extendió los antebrazos mostrando la palma
de las manos bacías.
Minerva se relajó un poco.
Con los antebrazos mirando al techo,
doblo la muñeca hasta que sus dedos apuntaron hacia el suelo.
-¿Que te pasa en las manos? ¿Estas
bien?
Los dedos empezaron a alargarse mas y
mas hasta llegar al suelo, donde empezaron a formar un charco negro.
Minerva quedo paralizada, notando como
el terror se adueñaba de sus venas.
El charco empezó a subir de nivel, no
se extendía, creaba una pared de sombras.
Cuando la oscuridad llego al techo,
Minerva rompió las cadenas del miedo y se giró buscando una salida,
pero al final, el extraño estaba creando una segunda pared de
tinieblas.
-Sabes lo que viene ahora, ¿verdad? El
pasillo empezó a oscurecerse mientras avanzaba.
Cuando la policía llego, atendiendo a "sonidos extraños en la casa de al lado", encontraron una
joven encogida en medio del pasillo, la cabeza y los codos sobre las
rodillas, y las manos cogiéndose el pelo.
Tenia los ojos muy abiertos, un bote de
pastillas vacías y las venas cortadas.
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