Saltaron la
ultima muralla que protegía el abandonado templo.
La inmensa
entrada se alzaba ante los dos jóvenes, imponente.
-No deberíamos
estar aquí Dráen.
-¡No te quedes
atrás miedica! Vamos.
Árion, el mas
joven, miro al sol de mediodía para asegurarse de que seguía allí.
Avanzaron por el
oscuro pasillo hasta que divisaron una luz al final.
Era un escenario
perturbador; una inmensa sala oscura; desde el techo, un complejo de
espejos enviaba los rayos del sol a dieciséis espejos que señalaban
al centro exacto de la nave, donde un esqueleto yacía encogido con
la cabeza entre las rodillas, agarrándose el cráneo. Parecía
desesperado.
-Mira eso, era
cierto, todo lo que explican del sabio Khárel es cierto.
-¿Que explican?
-¿Nunca has
oído las historias de Khárel? ¿Pero tu donde vives?
-Explícamelo
Draen.
-Siéntate, que
te lo explico.
-¿Aquí? ¿Con
ese cadáver ahí?
-Si, aquí,
¿quieres que te lo explique o no?- Árion asintió en silencio.-
según cuentan los viejos de nuestro pueblo...
-¡Draen!
-¿Que pasa
ahora?
-Explícala
bien.
-Vale...
“Cuentan que
en los tiempos ancianos, cuando aun se utilizaba este antiguo templo,
nuestro pueblo estaba en pleno apogeo. Empezamos a descubrir nuevas
ciencias, y a ampliar las antiguas, especialmente la astronomía. Y
también avanzó mucho en el ámbito artístico.
En el pueblo que
habitaba a los pies del templo, que es el nuestro, había un joven
muy inteligente que se dedicaba a estudiar y aprender sobre todo lo
que podía. Era Khárel.
Fue acumulando
conocimiento e intentando descubrir nuevas formas de mejorar el
bienestar del pueblo. Con solo veinte años, todo el pueblo le
respetaba y pedía remedios para sus problemas y dudas.
Con veinticinco
años entro en el consejo, al cual solo se puede acceder a partir de
los cuarenta años; fue la primera excepción. A partir de ese
momento se encerró en sus habitaciones del templo, situadas bajo
tierra para realizar estudios y experimentos. Durante 17 años solo
se le vio durante las escasas reuniones del consejo, el resto del
tiempo lo pasaba sumergido en sus investigaciones sobre distintos
ámbitos.
Al salir de esos
gruesos muros de piedra puso en practica todo lo que había
descubierto durante ese tiempo.
Mejoró el
tratamiento social, la orientación astronómica y la predicción del
tiempo, la capacidad de criar animales, la medicina y muchas otras
ciencias y aspectos de la vida.
Cuando comprobó
que la situación había mejorado, volvió a su sótano para estudiar
un asunto que según él, le había quedado incompleto. Siempre dijo
que era el mas interesante.
Lleno su sala
del sótano de cristales y apuntes sobre las paredes, hizo bajar a
algunas personas con él, realizó innumerables estudios, y estuvo
dos años mas sin que nadie supiera de él, solo sabían que seguía
vivo porque un compañero suyo le bajaba la comida.
Cuando pasaron
los dos años subió a la superficie, desaliñado, con la barba
alborotada, la ropa hecha jirones y los ojos muy abiertos.
No dejaba de
repetir que “lo había visto” una y otra vez.
Todos le
preguntaron que era lo que había visto, pero el no lo decía; pidió
veinticuatro espejos suficientemente grandes como para reflejar a una
persona de cuerpo entero y volvió a bajar al sótano sin dejar de
repetir en susurros que “lo había visto”.
Le trajeron los
espejos y los coloco en el templo desde la claraboya del techo, hasta
la sala central de tal forma que fuera el momento del día que fuera,
la luz llegaba a dieciséis espejos situados en el centro de la sala
de reuniones del templo. Todos señalando al centro exacto de la estancia.
Una tarde,
reunió al pueblo y explico lo que pasaba.
“Después de
todo este tiempo, he conseguido verlo. Todos somos lo mismo, yo lo
vi, todos lo llevamos dentro, y yo os lo enseñare. Esta noche estará
preparado, pero hasta entonces, no quiero ver a nadie aquí.”
-Dicen que esa
noche, los que fueron vieron algo horrible y que todos los que
vinieron después en horas nocturnas pasaron por algo que nunca se
atrevieron a explicar.
-Draen, esta
oscureciendo.
-También dicen
que...
-¡Draen!
-¿Que pasa
ahora?
-Esta
oscureciendo- pronuncio las palabras lentamente remarcando su miedo.
-¡Vamos por
favor! No me digas que te da miedo eso, es una estupidez- Sonreía
con aire burlón y de superioridad.
-El sol se ha
puesto Draen, esto no me gusta- de repente se callo y respiro lenta y
profundamente.
-Que te pasa
ahora, ¿eh?
Árion señalo
hacia los espejos y salió corriendo, los espejos proyectaban la luz
fantasmagórica de la noche. Desde el cuerpo inmóvil de Khárel se
extendían formas que se desplazaban lentamente por las paredes,
sinuosas y amenazantes y tétricas que parecían desear acercarse al
muchacho.
Dráen,
horrorizado salio corriendo también, y dejo el maldito lugar atrás.
Nunca mas
volvió, y años después siguió explicando la historia a
generaciones menores, advirtiéndoles de la macabra obra del sabio
Khárel, el único tan atrevido como para mirar directamente al alma
de los humanos, el único tan loco como para mostrárselo al resto
del mundo.
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