lunes, 9 de julio de 2012

Khárel


Saltaron la ultima muralla que protegía el abandonado templo.
La inmensa entrada se alzaba ante los dos jóvenes, imponente.
-No deberíamos estar aquí Dráen.
-¡No te quedes atrás miedica! Vamos.
Árion, el mas joven, miro al sol de mediodía para asegurarse de que seguía allí.
Avanzaron por el oscuro pasillo hasta que divisaron una luz al final.
Era un escenario perturbador; una inmensa sala oscura; desde el techo, un complejo de espejos enviaba los rayos del sol a dieciséis espejos que señalaban al centro exacto de la nave, donde un esqueleto yacía encogido con la cabeza entre las rodillas, agarrándose el cráneo. Parecía desesperado.
-Mira eso, era cierto, todo lo que explican del sabio Khárel es cierto.
-¿Que explican?
-¿Nunca has oído las historias de Khárel? ¿Pero tu donde vives?
-Explícamelo Draen.
-Siéntate, que te lo explico.
-¿Aquí? ¿Con ese cadáver ahí?
-Si, aquí, ¿quieres que te lo explique o no?- Árion asintió en silencio.- según cuentan los viejos de nuestro pueblo...
-¡Draen!
-¿Que pasa ahora?
-Explícala bien.
-Vale...
“Cuentan que en los tiempos ancianos, cuando aun se utilizaba este antiguo templo, nuestro pueblo estaba en pleno apogeo. Empezamos a descubrir nuevas ciencias, y a ampliar las antiguas, especialmente la astronomía. Y también avanzó mucho en el ámbito artístico.
En el pueblo que habitaba a los pies del templo, que es el nuestro, había un joven muy inteligente que se dedicaba a estudiar y aprender sobre todo lo que podía. Era Khárel.
Fue acumulando conocimiento e intentando descubrir nuevas formas de mejorar el bienestar del pueblo. Con solo veinte años, todo el pueblo le respetaba y pedía remedios para sus problemas y dudas.
Con veinticinco años entro en el consejo, al cual solo se puede acceder a partir de los cuarenta años; fue la primera excepción. A partir de ese momento se encerró en sus habitaciones del templo, situadas bajo tierra para realizar estudios y experimentos. Durante 17 años solo se le vio durante las escasas reuniones del consejo, el resto del tiempo lo pasaba sumergido en sus investigaciones sobre distintos ámbitos.
Al salir de esos gruesos muros de piedra puso en practica todo lo que había descubierto durante ese tiempo.
Mejoró el tratamiento social, la orientación astronómica y la predicción del tiempo, la capacidad de criar animales, la medicina y muchas otras ciencias y aspectos de la vida.
Cuando comprobó que la situación había mejorado, volvió a su sótano para estudiar un asunto que según él, le había quedado incompleto. Siempre dijo que era el mas interesante.
Lleno su sala del sótano de cristales y apuntes sobre las paredes, hizo bajar a algunas personas con él, realizó innumerables estudios, y estuvo dos años mas sin que nadie supiera de él, solo sabían que seguía vivo porque un compañero suyo le bajaba la comida.
Cuando pasaron los dos años subió a la superficie, desaliñado, con la barba alborotada, la ropa hecha jirones y los ojos muy abiertos.
No dejaba de repetir que “lo había visto” una y otra vez.
Todos le preguntaron que era lo que había visto, pero el no lo decía; pidió veinticuatro espejos suficientemente grandes como para reflejar a una persona de cuerpo entero y volvió a bajar al sótano sin dejar de repetir en susurros que “lo había visto”.
Le trajeron los espejos y los coloco en el templo desde la claraboya del techo, hasta la sala central de tal forma que fuera el momento del día que fuera, la luz llegaba a dieciséis espejos situados en el centro de la sala de reuniones del templo. Todos señalando al centro exacto de la estancia.
Una tarde, reunió al pueblo y explico lo que pasaba.
“Después de todo este tiempo, he conseguido verlo. Todos somos lo mismo, yo lo vi, todos lo llevamos dentro, y yo os lo enseñare. Esta noche estará preparado, pero hasta entonces, no quiero ver a nadie aquí.”
-Dicen que esa noche, los que fueron vieron algo horrible y que todos los que vinieron después en horas nocturnas pasaron por algo que nunca se atrevieron a explicar.
-Draen, esta oscureciendo.
-También dicen que...
-¡Draen!
-¿Que pasa ahora?
-Esta oscureciendo- pronuncio las palabras lentamente remarcando su miedo.
-¡Vamos por favor! No me digas que te da miedo eso, es una estupidez- Sonreía con aire burlón y de superioridad.
-El sol se ha puesto Draen, esto no me gusta- de repente se callo y respiro lenta y profundamente.
-Que te pasa ahora, ¿eh?
Árion señalo hacia los espejos y salió corriendo, los espejos proyectaban la luz fantasmagórica de la noche. Desde el cuerpo inmóvil de Khárel se extendían formas que se desplazaban lentamente por las paredes, sinuosas y amenazantes y tétricas que parecían desear acercarse al muchacho.
Dráen, horrorizado salio corriendo también, y dejo el maldito lugar atrás.
Nunca mas volvió, y años después siguió explicando la historia a generaciones menores, advirtiéndoles de la macabra obra del sabio Khárel, el único tan atrevido como para mirar directamente al alma de los humanos, el único tan loco como para mostrárselo al resto del mundo.




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