martes, 11 de septiembre de 2012

Ciclo cerrado

Por fin caía la noche.
Con un leve roce de sus labios la gruesa pared de cristal palpitó y acto seguido absorbió la humedad impregnada en la huella de su boca; desde esta, empezaron a brotar infinidad de venas que formaron una inmensa red bombeada por un oscuro corazón.
Con una fina sonrisa en su joven rostro acarició el corazón, cuyos latidos se aceleraron; ella le soplo suavemente y tras un estremecimiento el corazón empezó a descender por el interior del cristal hasta sumergirse bajo el suelo.
Se giró lentamente, a tiempo de ver como el corazón se acomodaba en un hueco entre los nudos de un retorcido árbol. Se aproximó y acarició el dormido rostro de un hombre rubio que sobresalía del tronco. Arrancó la daga sostenida entre sus dedos, que sobresalían del interior de una rama.
Acto seguido hundió la daga en el corazón del hombre, que se convulsionó sin despertar.
Abrió un diminuto frasco de cristal y guardo la lagrima que surcaba las ojeras de este, luego, se agacho lentamente y bebió la sangre que lloraba su corazón.
Limpió sus finos labios antes de que el rojo profanase el blanco de sus cabellos.
Una vez mas, se sentó junto a las raíces observando como el corazón se descomponía rápidamente, Esperando a que la tenue luz del lugar desapareciese por completo, sosteniendo una lagrima entre sus manos hasta que que el cristal estuviese preparado para un nuevo beso.




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