Quizás sea
cierto que nos dotaron con las alas de la vida, ¿pero como abrirlas
en este pantano nauseabundo e infecto?
Seres preciosos
se revuelcan en el pútrido fango como cadavéricas lombrices, y yo
no soy distinto a ellos.
Ahora, mis alas
son negras y mi cuerpo gris mortecino; suerte que no veo mi esencia,
una escalofriante sombra solitaria en un plano que no comprende, un
infierno que le acompaña cuando es feliz, y le rodea cuando decae,
lleno de voces, gritos, penas, muerte...
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