sábado, 10 de agosto de 2013

Tragado por el océano



El cielo brilla azul, no hay nubes oscureciendo-lo, el rastro de una tormenta pasada deja un leve toque de humedad que, unido a la leve brisa del océano, crean un clima paradisíaco.
El suave balanceo del barco sobre el mar en calma, le adormece en este paréntesis de placer.
Todo es perfecto.
Pero no se puede ser feliz con tantos cuchillos clavados. Cada uno una frase, una palabra incrustada en el momento menos esperado, cada uno una fuente de pútrida infección.
Baja la mirada, cuesta distinguir sus finas formas entre la sangre, oscura, que se arrastra lentamente desde las ennegrecidas heridas.
Parpadea fuerte hasta que la imagen se desvanece.
Se levanta, agotado y da un largo trago de agua.
Mira sus cicatrices, cubriéndole la piel del torso, la ultima aun no esta curada, pero al menos, ya la habían cosido, la herida estaba “arreglada” y lista para cerrarse.
Una voz resuena en su mente; escalofrío, dolor, temblores... el nuevo cuchillo se ha alojado entre dos costillas. Su piel empalidece, ya ha pasado antes por esto, pero no deja de resultar desagradable...
Lleva demasiado anclado a ese lugar, atraído por las suaves corrientes, los inmensos arrecifes de coral, la ferviente biodiversidad... pero no vale la pena seguir recibiendo daños tales por poder permanecer ahí...
Empezaba a ver las cosas claras...
Se dirige con paso dubitativo a la cabina y, tras un largo suspiro, leva el ancla.
Una lagrima cruza su cara, y luego otra, y otra; su respiración empieza a entrecortarse dejando vía libre a un sollozo suave pero desconsolado, dolor en estado puro.
Mira el océano a su alrededor, el que ha sido su único apoyo durante tanto tiempo, su cárcel y su escapatoria.
El barco, libre de anclajes es arrastrado por la débil corriente.
Las lagrimas siguen bailando en sus ojos mientras se ata el cinturón con peso, de submarinismo.
A pesar de que su sollozo es ya casi inexistente, su dolor esta absorbiendole.
Con tristeza, hecha un ultimo vistazo al mar, al horizonte, al cielo... sigue subiendo la mirada hasta caer sobre las aguas.
La superficie, rota por su entrada, empieza a calmarse, alejándose. Su cabello y sus extremidades ansían salir, persiguiendo las ya poco densas burbujas, pero su corazón decidido a sumergirse, arrastra todo su cuerpo.
Poco a poco la nitidez visual se desvanece, y al poco la psicológica sigue el mismo camino.

La luz se hizo oscuridad, la oscuridad recuerdos, los recuerdos nada, y la nada, liberación



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