El cielo brilla azul, no hay nubes
oscureciendo-lo, el rastro de una tormenta pasada deja un leve toque
de humedad que, unido a la leve brisa del océano, crean un clima
paradisíaco.
El suave balanceo del barco sobre el
mar en calma, le adormece en este paréntesis de placer.
Todo es perfecto.
Pero no se puede ser feliz con tantos
cuchillos clavados. Cada uno una frase, una palabra incrustada en el
momento menos esperado, cada uno una fuente de pútrida infección.
Baja la mirada, cuesta distinguir sus
finas formas entre la sangre, oscura, que se arrastra lentamente
desde las ennegrecidas heridas.
Parpadea fuerte hasta que la imagen se
desvanece.
Se levanta, agotado y da un largo trago
de agua.
Mira sus cicatrices, cubriéndole la
piel del torso, la ultima aun no esta curada, pero al menos, ya la
habían cosido, la herida estaba “arreglada” y lista para
cerrarse.
Una voz resuena en su mente;
escalofrío, dolor, temblores... el nuevo cuchillo se ha alojado
entre dos costillas. Su piel empalidece, ya ha pasado antes por esto,
pero no deja de resultar desagradable...
Lleva demasiado anclado a ese lugar,
atraído por las suaves corrientes, los inmensos arrecifes de coral,
la ferviente biodiversidad... pero no vale la pena seguir recibiendo
daños tales por poder permanecer ahí...
Empezaba a ver las cosas claras...
Se dirige con paso dubitativo a la
cabina y, tras un largo suspiro, leva el ancla.
Una lagrima cruza su cara, y luego
otra, y otra; su respiración empieza a entrecortarse dejando vía
libre a un sollozo suave pero desconsolado, dolor en estado puro.
Mira el océano a su alrededor, el que
ha sido su único apoyo durante tanto tiempo, su cárcel y su
escapatoria.
El barco, libre de anclajes es
arrastrado por la débil corriente.
Las lagrimas siguen bailando en sus
ojos mientras se ata el cinturón con peso, de submarinismo.
A pesar de que su sollozo es ya casi
inexistente, su dolor esta absorbiendole.
Con tristeza, hecha un ultimo vistazo
al mar, al horizonte, al cielo... sigue subiendo la mirada hasta caer
sobre las aguas.
La superficie, rota por su entrada,
empieza a calmarse, alejándose. Su cabello y sus extremidades ansían
salir, persiguiendo las ya poco densas burbujas, pero su corazón
decidido a sumergirse, arrastra todo su cuerpo.
Poco a poco la nitidez visual se
desvanece, y al poco la psicológica sigue el mismo camino.
La luz se hizo oscuridad, la oscuridad
recuerdos, los recuerdos nada, y la nada, liberación
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