Frío
y suspiros, es todo lo que queda de una hoguera, solo una pequeña
llama se mantiene, como un murciélago que da vida a la sala.
Hay
un individuo solo en el centro de la estancia, con una muda guitarra
en sus manos. Sin inspiración.
Entonces,
el pequeño murciélago de fuego se posa en su hombro, consternado
por el silencio turbador del lugar. La llama le ilumina la cara y el
calor que le recorre genera una nota, y otra, y así brota una triste
melodía, hermosa, pero con un trasfondo de melancólico vacío.
Así
sigue durante horas, hasta que el murciélago se extingue. El vuelve
a quedar en silencio, con la mirada clavada en las brasas, esperando
a que el murciélago renazca de ellas.
esperando a que el murciélago renazca de ellas... como el ave fénix.
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