Muerte
interior
<<¿Que pasa? ¿Donde estoy?>>
Eso fue lo primero que pensé. Me
hallaba en una sala oscura, no, negra, sin luz.
Intente avanzar y ante mi se
materializaron unos gruesos barrotes cerrándome el paso.
Entonces oí una voz que se reía
lentamente, una voz familiar que sonaba en mi interior, o mas bien
desde mi interior.
Me fije y le vi, no se si el termino
“le” es el adecuado o debería decir “me” vi.
Sin duda era yo, pero compuesto por
oscuridad solida. Mi otro yo se giro y el terror se apodero de mi. De
mi yo real quiero decir, me referiré a mi otro yo en tercera persona
para simplificarlo todo.
Sus dientes eran completamente blancos,
sus ojos desprendían luz que se colaba por las grietas que salían
de estos.
No era una luz normal, era siniestra y
fría y lo mas extraño, no se difuminaba por el aire, se mantenía
definida, marcando a la perfección la forma de sus expresiones.
-Por fin nos volvemos a ver.- Su tono
era irónico y burlón, odioso.
Intenté hablar pero no me salió la
voz.
-Ah si, no puedes hablar... incomodo
¿no? Ahora sabes como me siento habitualmente.- Arqueó una ceja
abriendo las grietas que se extendían desde el lateral del ojo en
dirección a la sien, un poco inclinadas hacia la mejilla.
Seguí gritando en silencio pero no
sirvió de nada.
-Si, lo típico imagino: “dejame
salir, por favor te lo suplico!”- Ardía de rabia, se burlaba de mi
con una ridícula voz aguda y falsa mientras yo forzaba mi garganta
para arrancarle algún leve sonido. Que impotencia...- Deja de
intentarlo, en tu mundo tu me acallas, aquí en cambio, mando yo.
Se apartó de mi jaula e hizo pasar a
alguien. Era otro yo, otra parte de mi mismo.
Lo llevó hasta al lado de una tarima;
no había reparado en ella hasta ese momento. No era demasiado alta y
en uno de los laterales había unas escaleras para subir.
Empezaron a hablar, demasiado lejos
para oírlo, pero no me pareció nada bueno.
Poco a poco, el oscuro fue poniéndose
a la espalda del otro, hablando en su nuca, mirándome fijamente. Se
creció encorvándose sobre los hombros del otro, cada vez mas
cabizbajo, mientras la sombra me miraba divertida y malévola a los
ojos.
Estaba susurrando en su oído cuando su
sonrisa se ensancho como la de un hambriento y terrible lobo. Las
lagrimas cayeron por la cara de mi otro yo, desmoronado, y supe que
tenia que ayudarle.
Grite con todas mis fuerzas, pero no
salió mi voz; me agarré a los barrotes intentando salir, pero no
funcionó, ni siquiera podía verme.
Finalmente, mi yo oscuro apoyo sus
manos sobre los hombros del otro, que dejo caer su cabeza abatido.
Triste y sumiso, aceptó una cajita de su opuesto.
Acto seguido subió a la tarima y paso
la cuerda del interior de la caja por el gancho de una horca, recién
aparecida; pasó el lazo por su cuello, y se dejo llevar por la
oscuridad; río abajo, lentamente...
Me quedé inmóvil, contemplando el
cuerpo de... ¡mi propio cuerpo! balanceándose como el péndulo de
un reloj... estaba furioso y destrozado, pero no lograba moverme.
Mi propia sombra se acerco a mi y me
dedico unas ultimas palabras antes de desaparecer:
-Cada vez somos menos, dentro de poco
solo quedaremos tu y yo, y entonces veremos quien toma las
riendas...-Lanzó una carcajada que resonó incluso despumes de que
desapareciera.
Todo se puso borroso, y abrí los ojos
en mi pasillo, notando que otra parte de mi había muerto, y que yo
no había hecho nada por evitarlo.
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