jueves, 15 de marzo de 2012

Incisión corroyente

El frío incide en mi abdomen, produciendo un torrente de cálida sangre.

Siento una lejana punzada de dolor en mi cuerpo, que agoniza en un rincón de mi consciencia, y lo encuentro, frente a mi, con un cuchillo insertado en mi carne, arrancándome la vida.

Tras un murmullo apagado llega un gran torrente de sangre que me arrastra hasta la realidad.

Despierto. Intento arrancar el cuchillo con todas mis fuerzas pero todo se nubla.


Vuelvo abrir los ojos, me veo las manos, tremendaménte pálidas. Asustado, bajo la mirada y para mi sorpresa, donde debería haber un cuchillo, hay una gran herida de negro borde, extendiendo una red de oscuras venas.

La herida seguía creciendo con intención de destruirme, igual que los problemas ignorados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario