Emily abrió
los ojos y gritó con todas sus fuerzas.
Su padre subió
pesadamente las escaleras y entro en la habitación.
-Papa, me están
observando- La joven sudaba terror por cada poro de su piel, estaba
arrinconada sobre la cama, temblando. Se acercó a ella:
-¿Otra vez con
estas Emily?- Suspiró- Tienes 15 años, ¿no eres ya mayor para
estas historias?- la abrazó- cierra los ojos y apaga la luz, nadie
podrá tocarte mientras estés en casa, y menos aun en tu habitación;
dime ¿vuelven a ser esas sombras?
-Si- La
presencia de su padre la tranquilizó.
-Duérmete
cariño, no hay nada que temer.
Su padre salió
de la habitación, Emily apago la luz y se durmió, aun intranquila.
Se despertó. La tenue luz del despertador le revelo que la hora. 1:03.
Seguía
observándola, de eso estaba segura.
Encendió la
lamparilla y se giro bruscamente; solo su sombra la recibió en la
pared. Rápidamente inspecciono el resto de la habitación.
Volvió a mirar
su sombra... no pasó nada. Se aparto los rojizos cabellos lisos de
la cara, extendió el brazo para apagar la luz y lo vio: había dos
sombras en la pared, pero una estaba escondida en la suya.
Cuando se movía
rápido, se veía como las segunda sombra tardaba un poco mas en
reaccionar.
La sombra se
agito nerviosa abandonando la forma de la chica para tomar una forma
mas alta y difusa.
Emily
retrocedió aterrada sobre su cama, por primera vez la sombra
mostraba su figura entera, y ahora solo podía pensar en que
desapareciera.
Como
obedeciendo sus deseos, la sombra se aparto de su vista y se
escabulló, dirigiéndose a la puerta. Lejos de aliviar a Emily,
esta reacción despertó su curiosidad; se giro para seguir a la
sombra fugitiva, que ya salia de la habitación, la siguió y busco el
reflejo de la sombra en el espejo. Para su sorpresa, en el lugar
donde debería verse la sombra, vio una oscura levita escurriéndose
hacia el baño.
Lentamente
abrió la puerta, quedando mas sorprendida aun, desapareciendo de
este modo el poco miedo que conservaba.
No lo podía
creer; frente a ella, desde el espejo, un joven trajeado, con una
chistera y guantes blancos la observaba, sereno.
No supo porque,
pero le atrajo. Le inspiraba tranquilidad y seguridad y confianza. A
pesar de que sabia que no tenia ningún sentido, se dejo llevar por
esa sensación y se acercó a él, él, alargo el brazo hasta situar
la palma de su mano sobre la superficie del espejo. Emily lo imito.
Segundos después, los dedos del joven sobresalieron del cristal
entrecruzándose con los de ella.
Rompiendo uno
de los momentos de mas felicidad inconsciente de la muchacha, la luz
de la escalera se encendió. El misterioso morador del espejo agarro
a la chica de la muñeca y la atrajo al interior de su paralelo
mundo.
El padre de
Emily vio la fogosa melena de la joven huyendo frente a el,
únicamente en el espejo, para no regresar jamas.
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