lunes, 15 de agosto de 2011

Viajando en falsa soledad

Se sentó en la parte trasera del carromato, observando como el camino se alejaba lentamente.
Recordó la fiesta de tres noches atrás, la música, los bailes; a ella...-suspiro-Desde su partida, la marcha resultaba mucho mas dura. Sentía un gran peso en el corazón, un vacío, una gran nostalgia...
La echaba de menos, sin ella nada era lo mismo. Las fiestas parecían mas apagadas, los juegos perdían su sentido, la diversión se atenuaba, aunque despreciaba esto ultimo, los amigos no eran suficiente para animarlo, como una cerilla intentando alumbrar todo el terreno de un granjero.
La soledad le reconfortaba; estar con sus compañeros sin que ella se encontrarse allí, era mas difícil que refugiarse en aquellos recuerdos en los que se encontraban el uno apoyado en el otro, sin necesidad de hablar, porque su amor no necesitaba palabras para expresarse.
Los carros se detuvieron. Erdin y Trebin, los caballos que tiraban de su carromato, relincharon cansados.
Alguien estaba subiendo, sin duda eran las botas de su padre.
-¿Estas bien hijo? Últimamente te veo distante y frío...- Le dio un cariñoso pellizcón en la mejilla.
Le dolió, no en la mejilla, sino en el corazón. Compuso una perfecta sonrisa y respondió.
-Claro que estoy bien padre, es solo que estoy escribiendo, y tengo la mente en el texto, y no en la realidad. Perdone,- Añadió con tono avergonzado- estaré bien.-
-Me alegra oír eso chico, te dejo escribiendo. Me siento orgulloso de tener un hijo tan aplicado.- Le revolvió el pelo y se largó.
De nuevo solo en el vehículo, se rozo la mejilla. Seguía notando aquel aguijón en el pecho, que le recordaba aquellas tardes junto a ella,cuando le acariciaba su suave mejilla, y aquel escalofrió que le recorría desde la punta de los dedos.
Eran agradables recuerdos dolorosos, y no podía evitar preguntarse si ella sentiría algo parecido desde Lardean, la ciudad de la niebla.
Intentó ser racional,se volverían a ver en dos semanas, y ademas, ya habían pasado tres días... ¡tres días! Le habían parecido una eternidad ¿como soportaría el resto?
Decidió apartar aquellos pensamientos de su mente limpiando a Erdin y Trebin. No lo consiguió.
Cuando termino, volvió a su carromato.
Pensó en el reencuentro; no quería que la pasión cegara su juicio, temía desmadrarse demasiado y perder la nitidez del momento.
Cuando la viera, la abrazaría largo rato, le acariciara la cara tiernamente y la besaría, entonces si, apasionadamente.
El sol se estaba poniendo, decidió que escribiría algún verso, y se dormiría soñando con la propietaria de su alma, su corazón y su vida.

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