miércoles, 10 de agosto de 2011

El valle

Se acostó en lo alto de la torre, el valle reposaba bajo la tibia luz del sol naciente, la suave melodía de la brisa, acompañada por los trinos de los pájaros mecían el lugar creando un ambiente de somnolienta tranquilidad.

Se despertó, algo no marchaba bien.
El silencio se había apoderado del valle, antes rebosante de vida, convirtiéndolo en una imagen inmóvil.
La suave brisa se había esfumado, dejando tras de si un estremecedor y estático ambiente.
Miro desde lo alto y observo, no parecía que hubiese nada de vida en el bosque, a excepción de los arboles que lo formaban, aunque parecían apreciarse leves movimientos que se desvanecían al mirar, y los bordes del bosque, se veían ensombrecidos.

Se sentía inquieto. Decidió acostarse de nuevo y tranquilizarse.
Cerro los ojos; sentía una fuerte opresión en el pecho, todo el vello de su cuerpo estaba erizado, y un frío interior le impedía evadirse. Necesitaba huir.
Se quedó.

No podía soportarlo mas, se asomó y el frío se apodero de él, la oscuridad que se había apropiado del bosque, empezaba a trepar por la torre, dándole un tétrico aspecto a los primeros pisos.
Se sentó pensativo...
¿Estaría siendo victima de su propia locura?¿O realmente se estaba oscureciendo el valle?
Se levantó. No estaba loco.
Su incesante paseo circular era un mínimo reflejo del nerviosismo que ocupaba su interior.
Se asomo de nuevo, toda la torre estaba en tinieblas.
Cerro los ojos, convencido de que cuando los abriera, la sombra se habría desvanecido, pero no fue así.
Estaba envuelto en una nube negra, iluminada esporádicamente por rayos de tonos verde azulados.
Se quedo inmóvil, con la esperanza de que pasara...

Tras varias horas, la oscuridad se removió, la bruma dejaba ver sus maliciosas sonrisas, compuestas solo por los blancos dientes que contrastaban contra la nada.
Enloquecido por las crueles carcajadas que taladraban su cabeza, decidió saltar d la torre. Realizo los cálculos adecuados, cogió impulso y salto; pero no cayo.
Entonces comprendió que no se hallaba en la torre ni en ningún lugar físico, y que las incesantes carcajadas eran su castigo por haberse burlado de la muerte entregándole almas inocentes en su lugar.




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