Se acostó
en lo alto de la torre, el valle reposaba bajo la tibia luz del sol
naciente, la suave melodía de la brisa, acompañada por los trinos
de los pájaros mecían el lugar creando un ambiente de somnolienta
tranquilidad.
Se
despertó, algo no marchaba bien.
El
silencio se había apoderado del valle, antes rebosante de vida,
convirtiéndolo en una imagen inmóvil.
La suave brisa se había esfumado,
dejando tras de si un estremecedor y estático ambiente.
Miro desde lo alto y observo, no
parecía que hubiese nada de vida en el bosque, a excepción de los
arboles que lo formaban, aunque parecían apreciarse leves
movimientos que se desvanecían al mirar, y los bordes del bosque, se
veían ensombrecidos.
Se sentía inquieto. Decidió acostarse
de nuevo y tranquilizarse.
Cerro los ojos; sentía una fuerte
opresión en el pecho, todo el vello de su cuerpo estaba erizado, y
un frío interior le impedía evadirse. Necesitaba huir.
Se quedó.
No podía soportarlo mas, se asomó y
el frío se apodero de él, la oscuridad que se había apropiado del
bosque, empezaba a trepar por la torre, dándole un tétrico aspecto
a los primeros pisos.
Se sentó pensativo...
¿Estaría siendo victima de su propia
locura?¿O realmente se estaba oscureciendo el valle?
Se levantó. No estaba loco.
Su incesante paseo circular era un
mínimo reflejo del nerviosismo que ocupaba su interior.
Se asomo de nuevo, toda la torre estaba
en tinieblas.
Cerro los ojos, convencido de que
cuando los abriera, la sombra se habría desvanecido, pero no fue
así.
Estaba envuelto en una nube negra,
iluminada esporádicamente por rayos de tonos verde azulados.
Se quedo inmóvil, con la esperanza de
que pasara...
Tras varias horas, la oscuridad se
removió, la bruma dejaba ver sus maliciosas sonrisas, compuestas
solo por los blancos dientes que contrastaban contra la nada.
Enloquecido por las crueles carcajadas
que taladraban su cabeza, decidió saltar d la torre. Realizo los
cálculos adecuados, cogió impulso y salto; pero no cayo.
Entonces comprendió que no se hallaba
en la torre ni en ningún lugar físico, y que las incesantes
carcajadas eran su castigo por haberse burlado de la muerte
entregándole almas inocentes en su lugar.
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