Las
furiosas olas del mar lo engulleron, arrastrándole hasta sus
tranquilas profundidades, donde sus huesos, cansados del gris del
exterior,esperaron en la penumbra de las aguas la reaparición de un
sentimiento sencillo, una novedad, un pequeño detalle capaz de
motivarle, y que cuando esté apunto de ser logrado, no desaparezca
sin dejar rastro, hasta que de nuevo parezca volver a la vida, para
acabar desapareciendo de nuevo como un engañoso espejismo. Pues las
efímeras ilusiones que no llegaban a cumplirse llenaban su corazón
corrmompiéndolo, llenándolo de grises lagrimas, atemorizadas por la
monotonía que, sabía, le esperaría el resto de su vida, hasta que
decidió no vivir-la y esperar en un profundo y eterno sueño.
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