Un 27 de enero, sin motivo
aparente, Ríulf abandonó su manada, convirtiéndose en un lobo
solitario; lanzó una ultima mirada a sus dormidos compañeros y
siguió en absoluto silencio.
Los primeros días avanzó
firme y ligero por bosques ya conocidos, impulsado por su objetivo.
Ardía en deseos de
regresar con su manada, pero a pesar de todo continuó haciendo
frente a la tristeza que se apoderaba de su interior.
Pasó por bosques, ríos,
prados y montañas, enfrentándose a otras criaturas, al hambre,
cambios de temperatura, soledad y desesperación. Muchas veces se
arrepintió de haber partido, pero recordaba el motivo que lo
impulsaba y seguía.
Tras varios días sin
descanso, estaba demacrado, desnutrido y sin fuerzas, pero no se
detuvo.
El 19 de marzo llego a su
destino, un antiguo árbol lleno de sabiduría conocido como el
oráculo del monte, que le preguntó:
-¿Que motivos pueden
impulsar a un lobo a dejar su manada atrás?-
-He venido a entregarte mi
mi ultimo aliento a cambio de un favor, pero todavía no es el
momento.-
El lobo se estiro junto a
las magnánimas raíces del oráculo, inmóvil, esperando.
Tras una larga espera,
abrió los ojos, y se dirigió al oráculo:
-El momento ha llegado-
-¿Que pides?-
-La felicidad de mi
amada.-
-Así se ará-
Expiro profundamente, y
dejo que todo se detuviera a su alrededor.
Tras dos meses desde su
partida, el 21 de marzo Ríulf cumplió su objetivo, entregando su
vida por su amada.
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