domingo, 24 de abril de 2011

Torturas


(en respuesta a un relato de Shina k.)


Tras degollar y destripar a los guardias, me dirigí a la sala donde sin duda se hallaba Zerah.
Una vez dentro, me recibió una pálida mujer con insinuante ropa de cuero, llevaba el pelo recogido en una coleta guerrera, dos alas adornaban su espalda y su lengua se escurría entre sus afilados dientes.
Era una diablesa, seguramente servia a un superior, pero en esos instantes, estaba a cargo del lugar.
-Mmmm... ¿que te trae por aquí?-
-Venganza- Respondí con un ronco siseo.
-¿Por la chica?-
-Si, dime porque, ¿que motivos te llevaron a casi matarla?-
-Necesitaba sangre para invocar a mi señor, un poderoso demonio encerrado en otro plano, y ademas... quería divertirme un rato.- La frase acabo en una maliciosa carcajada.- Lastima que consiguieran rescatarla, sino fuera por eso, mi señor estaría jugando contigo como un gato con su presa, y al final, te mataría.-
-¿Así que por diversión, eh?- Una siniestra sonrisa deformo mi rostro, mis ojos, en su absoluta totalidad se tiñeron de negro, notaba como la piel de mi espalda se rasgaba, dejando salir dos ensangrentadas alas de plumas negras, como me crecían los colmillos y como la parte oscura de la magia inundaba mi mente.
Tras sacudirme la sangre de las alas, desenvaine la espada, y sin pensármelo dos veces me lance al ataque.
Nuestros cuerpos danzaban mientras nuestras espadas se transmitían palabras de odio.
Nuestras armas se cruzaron frente a nosotros, sus rojizos ojos se cruzaron con la oscuridad de los míos. Con un rapidísimo movimiento, me tiro al suelo, me clavo la espada en el estomago y aprovechando ese momento de debilidad, me lanzo contra un muro y me encadeno a el.
Por suerte para mi, ella desconocida que mi especialidad mágica era el metal, y que por tanto unas cadenas no servirían para nada.
Empezó a explicarme paso a paso como torturo a mi amiga, se notaba que había disfrutado en su voz, pero yo permanecí quieto, escuchando.
Tras diez minutos, se callo.
-¿Has acabado desgraciada?-
-Si, me pregunto que harías ahora si no tuvieras las cadenas.-
-No hará falta que te lo imagines.-
Las cadenas se vaporizaron, convirtiéndose en una niebla metálica que se arremolinó sobre mi mano, segundos después, la diablesa se encontraba contra la pared, encadenada por unos aros de metal que se insertaban en el muro.
-Se han cambiado los papeles, ¿no te parece divertido?-
Me acerque a ella observando mi estomago, que se recuperaba con la magia.
Cuatro puás metálicas de dos centímetros se materializaron frente a su cara esperando mis ordenes.
Le abrí la boca, le saque la lengua, y sin necesidad de decir nada, los cuatro clavos le perforaron la lengua clavándose en el hueso, dejándole la lengua inmovilizada contra su propia mandíbula.
Seguidamente, le inserté fragmentos de metal en cada uno de sus dedos por haber tocado a Jithia con ellos, varias dagas con las que había torturado a mi amiga se elevaron y clavaron en sus rodillas, codos y hombros, con dos clavos mas, le perfore los ojos con los que había disfrutado mirando el sufrimiento de la pobre chica y para acabar, le clave su propia espada en el estomago y una ultima daga en el paladar.
Cuando ya me estaba marchando, un montón de fragmentos metálicos volaron desesperados hacia su cuerpo, convirtiéndola en una sanguinolenta figura irreconocible.
Satisfecho con mi venganza, regrese junto a mi amiga, que se recuperaba de una brutal tortura.

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